Entre tiranos y déspotas

Por Felipe Vergara.

Tres mitos se tejieron en torno a la Revolución Francesa y, de ahí en adelante, los historiadores –salvo honrosas excepciones- tejieron una narración que poco o nada tiene que ver con la veracidad de los hechos. Primero, la obra de Delacroix, “La libertad guiando al pueblo”, no está inspirada en las acciones de 1789, sino que retrata los procesos revolucionarios posteriores a la toma de la Bastilla; segunda, el asalto a la cárcel pretendía liberar presos políticos antimonarquistas, sin embargo muchos de ellos fueron asesinados antes o bien trasladados a un regimiento en las afueras de Paris, logrando solo escapar siete reos, que en desglose eran cuatro estafadores, un enfermo mental, un noble acusado de incesto y su cómplice (¡vaya antecedentes de la aristocracia!); tercero, aunque le duela a muchos, el 14 de julio se dió inicio a la sublevación del pueblo francés frente a Luis XVI, un  mentiroso, ambicioso y déspota noble que no dio puntada sin hilo, por engañar y cambiar las reglas del juego en temas tributarios y de igualdad ante la ley, favoreciendo a la corte y perjudicando a la plebe. La gota que rebalsó el vaso fue la acción de sus ministros Turgot, Calonne y Necker: no hubo medida que tomaron para alentar el enriquecimiento de familiares y amigos (nepotismo), proteger el privilegio de la Iglesia y, de pasadita, llevarse una tajada. La miseria del pueblo francés ya venía condicionada por los estragos de la peste bubónica que asoló a Francia en 1754, 1764,1774, 1784, ciclos de diez años y donde no hubo acierto en las políticas de cuidado de la población civil. La poblada era la que mantenía los lujos y despilfarro a cambio de hambre y muerte; llegado el momento se hartó y decidió marchar a Paris…. ahí partió todo. Creer que la historia se repite es un fantasma mental, casi una vocecilla esquizoide que termina más por trastornar que por ayudar a racionalizar los hechos del pasado. Historiadores como Braudel, Hobsabawn, Aróstegui dan evidencia teórica de que los hechos no se repiten, pero si gozan de la particularidad de ser deambulantes. En el transcurso del proceso se suceden ciclos históricos, donde ciertos fenómenos humanos calan con rasgos similares sus acciones (forma), pero siempre las  motivaciones son distintas, porque obedecen a diversas conciencias temporales (fondo); esta singularidad impide que la disciplina pueda predecir el futuro. Por  lo mismo siempre será bueno leer la historia, ya sea como entretención como también para culturizarse, pero el verdadero sentido axiológico de la disciplina es generar una reflexión inflexiva entre el presente y ese pasado que nos parece ajeno, pero que en definitiva esta mas latente que nunca.


Imagen: Cultura Colectiva, Arte, 26/04/2019

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Felipe Vergara Lasnibat

Profesor de Historia y Geografía, Licenciado en Educación. Magister en Historia de América y Chile. Catedrático de Teoría y Método de la Historia e Historia del Pensamiento Político en la Universidad de Playa Ancha. Valparaíso.

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