Eiichirō Oda es el autor del Shōnen Jump , que actualmente ha batido todos los records en Japón: One Piece, el manga de piratas con ventas inéditas y uno de los más incidentes en el mundo. Aunque quizás el tiempo hable por sí solo, One Piece puede compararse a grande obras de la humanidad, con artistas como Shakespeare en la literatura, Da Vinci en el arte, Hendrix en la guitarra y la música, Tarkovsky y Kurosawa en el cine, etc.

La obra de One piece es una propuesta que trasciende su propio género e historia. Siendo una historia de aventura pirata, hoy por hoy la fuerza, los golpes y fuegos artificiales que tiene cada enfrentamiento no son centrales. No es como Goku – Dragon Ball- que se basa solo en una aventura que evoluciona con sus personajes antagonistas de otras razas galácticas. One piece tiene una historia tan interesante que las batallas, fuerza de sus protagonistas y victoria de sus personajes pasa a estar en un segundo plano.

Existe una complejidad narrativa donde se mezclan los principales vectores culturales de la humanidad como la Odisea de Homero, la novela Moby Dick y los principales mitos de oriente y la cultura Sintoísta en un lenguaje cercano y sencillo.

Existen valores complejos como la amistad, fraternidad, solidaridad, empatía, emotividad sobre el mundo, las cosas, los ecosistemas y las personas. Hay una combinación de humor, drama, aventura, pensamiento y reflexión contado siempre de manera clara y entendible. Existe una promesa, profecía o utopía por la que luchar; sueños complejos que buscan otra humanidad o el tesoro one piece.

Existe una estética y una deconstrucción de los personajes. El héroe es intuitivo y débil en su apariencia, depende de un colectivo (su tripulación) y está lleno de contradicciones pero destaca por su gran bondad e inocencia. El rol de las mujeres es central en la conducción del mundo. El barco del héroe – Luffy- lo guía una mujer. Es más, el destino de la narrativa de One Piece depende de una mujer excluida de la sociedad por su apariencia de sirena. Existen múltiples mundos girando lo que descentra quién es el personaje principal. Existe una profunda crítica social, política y humanitaria que finalmente acaba siendo nuestro mundo. Si, aquel que vivimos y experimentamos en el cotidiano.

Es precisamente este último punto que vuelve trascendental a la obra: estar narrando la historia del mundo. En una sociedad actual demarcada por su desigualdad social y económica, con una elite cada vez más rica por sobre los gobiernos y Estados, One piece propone la utopía de construir una nueva humanidad emancipando y liberando a través de un barco – el de la utopía- distintas islas. No solo eso, sino que es posible y que los sueños se hacen realidad mientras se viven alejados de la materialidad económica y próximos a las relaciones humanas.

El mundo de One Piece es más que una historia y éxito de ventas. Toda la contradicción social y ecológica del poder tiene una línea de tiempo similar a la historia de nuestra humanidad. Con pueblos originarios sometidos que viven en el cielo, diversidades sexuales que viven en la exclusión al igual que gigantes, tritones y mutantes humanos con forma animal. Animales y especies que se comunican con nosotros y que son centrales en el destino de esa nueva humanidad.

One Piece es quizás el anime más incidente en la actualidad, que se cuela por las redes puesto que en muchos países dejó de ser emitido. Merece la categoría de material educativo, por su ética y valores de lo que implica finalmente encontrar el tesoro o el sueño perdido, el encuentro y la posibilidad de construir una nueva humanidad, con otros valores que superen la codicia, corrupción y poder en el largo ciclo de acumulación capitalista.