La década de los 90s, con todos sus atributos, nuevos talentos y simpleza, tuvo espacio para honrar a un grupo de mujeres que alzaron la voz en favor de temas menos glamorosos que en la década pasada: dolor sufrido por familia o amores, dudas existenciales, traumas infantiles, falta o abundancia de fe, batallas de género, entre otros. Ello, con cierta crudeza que aun alabamos.

Desde 1990 mismo resalta Sinead O’Connor, cantante irlandesa, interpretando con una tristeza y dolor conmovedoras “Nothing compares to you”, un tema que había pasado sin pena ni gloria en la carrera de su autor, el gran Prince. Su imagen singular (pequeña, delgada y calva), también impacta en la escena musical, acostumbrada al glamour. Y en 1992, con su perfomance en el programa Saturday Night Live rompiendo una imagen del Papa de turno en repudio a la Iglesia Católica, aludiendo a su pasado de niña abusada, junto con valerle el veto absoluto en pantalla, parece haber abierto la puerta a tanto descontento acumulado y por florecer de gran cantidad de mujeres.

Así, en 1992 Hole y L7, salvajes, con punk agresivo apuntaron a una belleza y temas menos convencionales; en 1992 Linda Perry en 4 Non Blondes invitaba a tomar conciencia de nuestro valor personal cuestionando qué está pasando; en 1993 Björk y Tori Amos, una con su glorioso “Debut” de factura multintrumentista, cruda e infantil a la vez, mientras que la otra electrizante y poseída junto a su piano; y en 1994 un Stay con el corazón al desnudo de Lisa Loeb, abren definitivamente la puerta para que, en 1995 se de una estampida de féminas alegando con talento su espacio, no sólo musical, sino también visual y opinante, en el mundo. Es entonces cuando vemos llegar a una premiada Alanis Morissette cantando mal de amores, con rabia, a un ex novio que la olvidó y se fué con otra; Jewel de estilo dulce, pero muy profundo en su incomprensión de cómo encajar tras un pasado de violencia sexual; Joan Osborne, con su Relish, lleno de vulnerabilidad detrás de mil emociones; PJ Harvey, que con To bring you my love representó el lado más oscuro de la psiquis femenina y Gwen Stefani en No Doubt que pedía ser tratada como mujer y no como niña . Junto a ellas, en 1996 vendría Fiona Apple, deslenguada y Criminal, apelando a su extraña sexualidad también ultrajada en su niñez, y 1997 Meredith Brooks, perra-amante-niña-madre-pecadora y santa, consolidando el movimiento.

Su música salió a la luz como pop, rock, folk, blues, punk o ska, “alternativo”, inspiradas en Aretha Flanklin, Janis Joplin, Joni Mitchell, Suzi 4, The Runaways, Deborah Harry, Heart, Chrissie Hynde, Madonna, Cindy Lauper, Souxsie Sioux, entre otras, fuertes y muy diferentes entre sí, pero reinas del empoderamiento y formas distintas de mostrar su arte.

Importante es mencionar que la obra de estas mujeres acompañó la época post grunge, que tuvo un tono menos intenso y agresivo; la flor naciente de la Globalización; y haber alcanzado a ser parte de la programación de MTV con su tono rock (antes de decaer), con que tuvieron la escena en bandeja de plata para sobresalir con su apodo de “Mujeres enojadas” y dejar su huella imborrable en todo el mundo, que sentaría las bases de una apertura mental de la que hoy recogemos frutos.

Sin duda se quedan muchas artistas en el tintero, pero la esencia se rescata para una época recordada con cariño por muchos/as, de liberación y autenticidad, con una Lilith en el corazón.