Columna_Gurdjieff

Trabajar sobre los centros de formación

Por Gino Bailey.

El místico Gurdjieff  (1866 – 1949), músico, profesor de danza y ocultista, entre otras características, nos dejó en el legado del cuarto camino pistas para hacer un giro en nuestros comportamientos cotidianos. En el aquí y en el ahora, con la vida que nos toca vivir.

El cuarto camino se puede resumir como una alternativa espiritual a la vida ascética, del yoga y del faquir. Un camino basado en la toma de conciencia de acuerdo a las posibilidades que tenemos a diario. Así, el ser humano se debe esmerar en tomar esa conciencia o abordar y profundizar “el recuerdo de sí” con los recursos que tenga a su disposición, puede hacer un giro evolutivo y espiritual.

Entre sus innumerables conferencias, la serie de “Perspectiva del mundo real”  es una muestra de las enseñanzas de este cuarto camino. En las distintas discusiones de danza, matemáticas, geometría, recupera los preceptos de la antigüedad para señalar el quiebre necesario que debe hacer el ser humano actual. Un giro meta-religioso que considera todas las vertientes desde donde emana el saber religioso íntimo, esotérico. Para este propósito todos y todas somos importantes.

La actual arca de Noé donde debemos embarcarnos en tiempos de pandemia nos lleva a pensar también en esto. Gurdjieff decía:

“Si una persona ha hecho algo malo, no se indignen, porque ustedes han hecho lo mismo” (p.99) 

Hasta ahora ha predominado un conocimiento externo. Una institucionalidad que imparte materia inútil desde este punto de vista. Conocerse a sí mismo ¿qué implica? En palabras de Gurdjieff estudiar al sol y la luna, porque el ser humano tiene todo dentro de sí: al sol y la luna. “Yo soy toda la vida en su totalidad” (p.92)

Este viaje interno debe pasar por algo que menciona como “el recuerdo de sí”.  Este recuerdo es una toma de conciencia más compleja para asumir la cotidianidad. Existen tres centros formativos: el motor, el emocional y el mental. Muchos han llegado a discutir sobre esto, puesto que Gurdjieff subdivide el centro formativo del motor en el sexual y el de la acción. Salir del “conocimiento sin comprensión” implica abandonar la reproducción de saberes y profundizar sobre el saber.

La comprensión sería entonces la percepción de diversos centros donde está lo emocional y el motor inicial. Nos hemos acostumbrados a una comprensión desde la mente, cuando la sabiduría es un camino mucho más complejo y amplio que aquello. Para avanzar en el camino espiritual Gurdjieff propone métodos abruptos pero asertivos

Trabajar con metas incómodas o hacer lo que no estamos habituados a realizar para ampliar la conciencia. La toma de conciencia pasa por abrazar lo incómodo. Tejer cuando solo trabajamos desde un computador, calcular cuando solo hemos dedicado nuestra vida a la literatura, silenciar cuando solemos vivir solo por la comunicación del habla.

En este mundo caótico, complejo, pandémico y sobre estimulado por la información es necesario dotar de una religiosidad no institucionalizada a nuestras vidas. Una religiosidad íntima, cotidiana, diaria. Recordar por ejemplo qué implica realmente “dar la otra mejilla” como acto de compasión, no solo por compromiso, sino porque lo sentimos desde un centro formador emocional. Dirigir la mirada hacia uno más que al otro. Abandonar la inquisición de la moral. El error siempre es nuestra fuente errónea en la medida que construimos el mundo. Al otro no lo enjuiciaremos sino que lo invitaremos a transformarse por el simple hecho que compartimos la misma fuente originaria como especie: ser seres humanos.

Fuente:
Gurdjieff, G. I. (1977). Perpectivas desde el mundo real. Librería Hachette, Barcelona
Imagen: Ashle Ozuljevic Subaique, cedida.

Riqueza

Renunciar a la riqueza

Por Gino Bailey.

Los procesos evolutivos por los que ha pasado la biósfera y el planeta tierra son mucho más extensos en el tiempo que aquel vinculado con la especie humana. El proceso biológico por el cual el árbol llegó a ser un árbol y que los océanos tuvieran la característica que conocemos, implicó un gran gasto de energía en el tiempo. Un esfuerzo ecosistémico.

La era del holoceno, donde aparece el ser humano y comienza a depender de su medio para vivir es contemporánea en relación a la edad planetaria. Sin embargo este periodo – edad denominada por la geología- fue revolucionario, puesto que a través de la dependencia de la agricultura y la alimentación el ser humano comenzó a inclinar la balanza a su favor, modificando y alterando los ciclos reproductivos de gaya, la tierra.

El ser humano de manera histórica interactuó junto a los ciclos del medio. Sin embargo la intervención que hizo sobre éste se acrecentó en un sistema capitalista, dejando a los ecosistemas con posibilidades mínimas de reproducción. Si un banco de peces tarda doce meses en reproducirse y otro seis, el ser humano se adaptaba a esto y lograba rotar su práctica de extracción. En un momento, la actividad pesquera debía esforzarse por comprender dichas relaciones e interactuar interrumpiendo algunos procesos de las cadenas tróficas. El problema se origina cuando el ciclo interrelacionado de reproducciones comienza a ser interrumpido de manera tal, que los peces de los cuales nos alimentábamos, no pueden acceder a otros peces o algas para poder reproducirse y alimentarse. Esto pone en riesgo no solo la posibilidad de un tipo de especie, sino la relación alimentaria y de vida de diversos ecosistemas.

El origen está en un largo ciclo de desanclaje en nuestra relación con el medio. Marx denominó esto como “acumulación originaria” lugar desde donde el sistema capitalista genera riqueza. Y es originaria porque está en la génesis y antes del capitalismo: 

“La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama «originaria» porque forma la prehistoria del capital y del modo capitalista de producción.” [1]

Volviendo al ejemplo de la actividad pesquera. Si el pescador deja de estar sincronizado con su medio, no solo se ve expuesto a una pesca precarizada, sino a una desvinculación existencial respecto de los ciclos reproductivos. Además de un olvido, desconocimiento y falta de capacidad en poder adaptarse a cambios en el clima, entre otras cosas. Esto que Marx veía en la relación de propiedad del obrero respecto a sus medios, es un problema universal en la génesis del sistema capitalista entre el ser humano y la vinculación compleja con el medio, en todas sus facetas.

La no pertenencia tiene un trasfondo. La desvinculación implica inmiscuirse en la inconciencia del complejo existencial; místico, sensible y sintonizado con el planeta, para disponerse hacia otro mecanismo- desacoplado- y material de la realidad. El místico Gurdjieff decía que una cosa era actuar con la cabeza, y otra con el centro formador de la cabeza. Una cosa es pescar hoy en el levantamiento de alguna veda cogiendo todo lo posible, y otra es pescar a pulso de noche entendiendo el movimiento de los congrios entre las rocas. La diferencia está en lo que implica el vínculo y el desvinculo, la asociación y disociación.

[1] Fuente https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm

Rociando

Ecocidio

Por Gino Bailey Bergamin.

Las guerras traen aprendizajes e innovaciones tecnológicas. Además de hambre y aberraciones humanas. Los laboratorios bélicos se adelantaron al modo convivencial que rigen las sociedades actuales, donde la automatización tecnológica establece el orden del control de vida cotidiana. Estas pruebas fueron desarrolladas en la Guerra del Golfo (1990-1991) pero también en Vietnam, posicionando la transmisión en directa por la televisión e incidiendo en la pérdida de límites entre ficción y realidad confundiendo a la audiencia si las cruentas imágenes correspondían a un aparato de telecomunicaciones o si verdaderamente afectaba a sus vidas.

Las guerras también muestran el paso del genocidio al ecocidio, que hace replantearse el límite en la afectación entre derechos humanos y ambientales en sistemas que están imbricados. El Agente Naranja, una combinación de herbicidas y defoliantes, es un ejemplo paradigmático al respecto.

Promovido entonces por la agencia Monsanto Corporation y Dow Chemical para la defoliación de especies, se utilizó en Vietnam, Laos y Camboya para extinguir sistemas socio-ecológicos de vida. La población local de Vietnam no distinguía hasta entonces su cotidianidad separada de los servicios socioecológicos y la guerra se desenvolvió en esos términos. La ventaja que llevaban frente a la invasión norteamericana era evidente: reconocer y desenvolverse en su propio contexto, inmiscuirse e invisibilizarse y resistir. El Agente Naranja fue utilizado por el ejército estadounidense como un arma ecocida, aumentando la toxicidad química a los experimentos anteriores, afectando la selva pero también a sus habitantes.

Las consecuencias se sienten hasta el día de hoy, con población deformada, dañada y ecosistemas que todavía no se logran recuperar. Actualmente asistimos a un ecocidio terminal del planeta, como amplificación del patrón Agente Naranja, en donde los derechos humanos-ambientales están imbricados en su afectación, pero también en su interdependencia y huida de la muerte.

El ecocidio actual opera como estado terminal del desarrollo económico basado en el crecimiento que sirve de justificación para una serie de dispositivos (Stiegler, 1944). Uno social generalizado es la hiperproletarización de las sociedades. Sean inmigrantes, informales o con estudios, las sociedades tienden a proletarizarse de manera amplia y compleja. El descontento social generalizado hacia las formas de gobiernos y corporaciones se expresa en diversas manifestaciones de carácter global. La automatización tecnológica de procesos, denominada como fuerzas neguentrópicas, tienden a generar una estabilización a través de la satisfacción marchita del deseo y el consumo.

En fin, la automatización de la vida ha operado como un modo generalizado para abstraernos de Gaia, terra, el planeta. Desde 1400 en adelante que se arraigó en occidente como una cultura de vida, colonizando inclusive a los pueblos originarios. Salir de la automatización significa salir del antropoceno y volver a lo originario. A esto algunos se refieren como estabilización de una nueva vida, cambiar los patrones y modos de vida de manera radical. Mientras eso no ocurra estaremos en un estado terminal ecocida. Una historia que parece ser ficción gracias al automatismo tecnológico, pero que resuena con más fuerza cuando los distintos servicios ecosistémicos necesarios para la vida se ven colapsados en océanos que no se reproducen, pandemias que mutan sin encontrar una vacuna o aumento de temperatura en algunos lugares del planeta en donde no se sostiene la vida humana.

Referencia

Bonneuil, C., Fressoz, J.-B., 2013, L’ÉvénementAnthropocène. La Terre, l’Histoire et nous, Paris, Le Seuil

Stiegler, B. (1944). Sortir de l ’ anthropocène. 1–11.

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La economía sustantiva

Por Gino Bailey.

La economía a través del siglo XX y XXI ha ido perdiendo su sentido originario para acercarse a una definición formal y abstracta. El mejor ejemplo se produce al escuchar la palabra “economista”. En el imaginario aparece un experto o experta quien nos dice qué hacer o en qué problema nos encontraremos. Qué sucederá en un plano más allá de lo que en nuestro accionar podemos hacer.

Esto se produce porque el concepto de economía ha sido definido desde valores occidentales donde se asume ante todo la escasez como problema y la relación entre medios y fines para establecer una relación económica.

El sociólogo Karl Polanyi intentó desmitificar esta situación sacando a la economía de los formalismos, llevándola a un plano relacional. Como tal, la economía es una actividad humana necesaria para subsistir., pero; ¿qué es lo necesario para la subsistencia? Alimentarnos, vivir seguros, tener una vida saludable, trabajar y crear, entre otras cosas. Entonces para poder subsistir el sentido común nos dice que debemos entrar en una relación con nuestro medio y con otros. Ese intercambio es económico. Sin embargo, la mayoría de los postulados económicos nos han hecho creer que lo económico es aquello formal, cuando en realidad la economía sustantiva, propuesta por Polanyi, nos vuelve a la tierra y a un sentido originario.

El presupuesto racional de la economía formal hace mucho que fracasó y lo que nos queda es pensar en otro tipo de racionalidad económica que deriva del origen real de la economía que es en base a una interdependencia con el medio. De esto hay mucho escrito, por lo que conviene rescatar algunas ideas de Polanyi.

La economía de mercado es vulnerable a la crisis del antropoceno porque ante desastres socioambientales, cambio climático y nuevas pandemias globales, ¿qué sentido elemental y protector de la vida tiene el dinero? Así, en los conceptos de la reciprocidad y redistribución Polanyi propone indagar en lo originario para darnos cuenta que en la historia de la humanidad han existido diversas formas de organización que se han hecho cargo de una economía que no ha sido de mercado.

La familia romana,  el kraal de África, la economía doméstica o la economía tradicional pesquera, han sido organizaciones que controlaban la redistribución desde un centro local-familiar y que establecían una dinámica recíproca de bienestar garantizando la subsistencia de una comunidad. Lo interesante es que en la mayoría de los casos el medioambiente es un agente activo porque de acuerdo a sus ciclos reproductivos genera actividades económicas recíprocas con el medio. Cabría preguntarse hoy si para vivir una economía múltiple y sustantiva tenemos la capacidad que tenían estas unidades originarias en su relación con el medio. ¿En qué medida dependemos del ciclo ecosistémico para poder proveernos de lo necesario?, ¿existe una soberanía alternativa al dinero que posibilite redistribuir dichos medios necesarios para la vida?

La economía informal de las ciudades latinoamericanas tiene múltiples facetas, entre ellas la vulnerabilidad. Sin embargo, ha desarrollado una historia de capacidad de redistribución familiar de bienes que se han alojado sobre todo en lo urbano. Dicha capacidad habría que conducirla hoy a ecosistemas que provean la vida, para que en lugar de lo desechable del plástico se esté redistribuyendo alimentos dentro de un marco de mayor valorización y emergencia planetaria. Sobre todo, si pensamos que las catástrofes, patrimonio solo de algunos países, se está convirtiendo en una cuestión transversal donde la economía de mercado pierde su capacidad de sostener la vida necesaria. La economía sustantiva es un principio conceptual pero también ético y urgente de pensar el futuro inmediato de cómo vivir pensando en  las clases más populares del continente.

WASHINGTON : Sebastián Piñera y Donald Trump

Banderas y espejos violentos

Por Gino Bailey.

“Chile está en el corazón de Estados Unidos”. Con estas palabras Sebastián Piñera abría la conversación con Trump en lo que sería su segunda visita a la Casa Blanca el año 2018. En ese preciso instante saca una hoja rectangular con la bandera de Estados Unidos, y al centro, aprovechando una de las estrellas inferiores demarca la segunda bandera, la chilena. Luego, una mirada complaciente de Trump, quien gesticulaba su risa dominante. Por un lado el presidente chileno , que coloca el bien común en segundo plano ante las inquietudes de su ego, un idiota en el sentido griego del término, y por otro, el déspota de la banalidad capitalista, la especulación, ignorancia y los negocios. 

Más que detenerse en lo que habrá querido decir “el idiota” en ese momento, lo importante está en el suceso completo. Ante todo la figuración de la bandera. Chile como subconjunto de Estados Unidos. Reflejo del programa experimental del neoliberalismo hecho en la escuela económica de Chicago y ensayo durante los años 80’ y 90’ en Chile. Estar en el corazón de Estados Unidos es más que un gesto de agradecimiento. Corresponde a transparentar el funcionamiento de Chile como una parte del Corazón  de Estados Unidos. Si esto fuera así, la resonancia de los latidos de Estados Unidos está todavía por descubrirse.

Un segundo aspecto es la alteración de los patrones originales de la bandera estadounidense para hacer coincidir las líneas y las estrellas con el rectángulo de la bandera chilena. Se reducen las estrellas y se quitan algunas líneas para estar en el corazón. Hay algo de pertenencia pero también existe una alteración para pertenecer, como la modificación de nuestra cultura por una de consumo y deuda.

El artefacto de la bandera opera como espejos de funcionamientos que en la realidad se están manifestando

Este espejismo neoliberal en crisis se expresó con el despertar y el estallido en octubre del 2019, reflejando la desigualdad, violación a los derechos humanos y cuestiones no resueltas desde 1973. Hoy nos afecta la pandemia global del COVID19 y el rectángulo de Piñera vuelve a escena y se diluye mostrando incapacidad de responder por lo social. El experimento neoliberal fue un ensayo de la economía de mercado y no de pilares de salud, educación, trabajo y cultura. Como consecuencia los sueños líquidos de la estabilidad forjados en los 90´ se diluyen y es el hambre, la pobreza y la caja de víveres la respuesta que se entrega en Chile. Mientras tanto, el resto de la bandera del país del norte comienza a sacudirse. El estallido social se traslada a Estados Unidos, donde también existe una de las peores gestiones en materia de salud frente a la pandemia. El asesinato de George Floyd genera una respuesta en cadena de la ciudadanía con base en el descontento social.

Las banderas son violentas y quieren disolverse. Lo más relevante es que como espejo hay algo de transparencia, donde podemos observar cuestiones de fondo, no resueltas por una sociedad de mercado. Elementos críticos como el racismo, el mismo del Ku Klux Klan heredado, que no pudo ser disuelto por la economía de mercado incrustada en lo social. Chile, aquel pequeño subconjunto,  se transparenta la pobreza. Aquella que era ejemplo de superación, no tuvo base sólida y fue resuelta a través de subsidios y arreglos monetarios, sin capacidad de ahorro en la población. Muchos lo sabíamos.

Represión, mutilación de ojos, utilización de fuerzas especiales con caballos, gases lacrimógenos, estallido y presencia de una delincuencia organizada invisible. Un estado de excepción en democracia, semejante a los fascismos más crudos que experimentó la humanidad a principios de siglo. Estos patrones compartidos hoy por Estados Unidos y Chile, son más que una simple coincidencia. Obedece a funcionamientos contenidos, semejantes. En sociedades que no resolvieron las bases y pilares de la democracia y vivieron la ficción de la economía financiera, el consumo de masas, la supermercadización de la vida cotidiana como retiro de un delivery. Pese a todo, el desencaje de la bandera y la disolución de las mismas es una cuestión cada vez más consciente por las ciudadanías, quienes se movilizan no por una consigna ideológica sino por una necesidad básica de justicia social.

Imagen: El Mostrador, 4 de Octubre 2018.

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Ralentización planetaria pos pandemia

Por Gino Bailey.

Es mayo en Europa y ha iniciado la fase de desescalada de la pandemia en algunos países. Las 8 de la tarde y luego de aplaudir y abrazarse – ritual que se ha empujado desde que se decretó la cuarentena- todos se abalanzan a las calles. En dos días mucha gente se convirtió en runningaquí en Barcelona. Antes de la pandemia uno no se encontraba chocando por las aceras con las personas a la hora de trotar. Ahora sí. La gente se reúne también en las esquinas, son los horarios permitidos: de 6 a 10 y de 8 a 11 de la noche. 

Una de las señales que ha dejado la pandemia es el cuestionamiento severo al tiempo y su relación con los seres humanos como especie. El tiempo de trabajo para muchos. Aquel que comienza a las 05 AM cuando la alarma despierta a los trabajadores de la construcción en Europa- casi todos del sur global- para trasladarse a sus faenas. El beso de una madre salvadoreña u hondureña antes de ir a limpiar casas particulares, mientras obtiene su permiso de residencia. La última mascarilla utilizada en turnos nocturnos por parte de una asistente paramédica, luego de vivir más de un mes expuesta a alto riesgo. ¿Dónde ha quedado la mirada sobre el cotidiano? Una larga fila en la cadena de supermercados Lidl controla la entrada. Guantes y alcohol. Se solicita mantener la distancia de dos metros que cuesta respetar. 

El tiempo es más lento, existe una advertencia al consumo de masas y al transporte de masas. Si no existe una conciencia común es probable que se propague el contagio. Aunque las fuerzas políticas disidentes quieren volver todo a la “normalidad”, en realidad se tendrá que volver, pero no a la normalidad. El gran fracaso en tiempos de pandemia ha sido la evolución del capital financiero. Totalmente inútil y poco cooperativo para el resto de sistemas que si sostienen la vida en el planeta

Chiara Bianchini[1] rescata el modo en que el tiempo en la pandemia se ha convertido en  alternativas que posibilitan la vida: redes de auto-organización barrial para asistir contra la violencia y en ayuda de adultos mayores; terapia psicosocial hecha por voluntarias a través de zoom; toma de conciencia del trabajo en el cuidado por el otro; disminución de los tiempos de trabajo: toma de conciencia de la salud por sobre la economía; las señales de la naturaleza y el respiro ecosistémico; autodeterminación en algunas localidades cortando acceso a balnearios.

Ha iniciado el después o quizás nunca habrá un después. Ralentizar el tiempo del capital implica un cuestionamiento más profundo de la economía predominante tirando la cuerda ya no para aplanar la curva, sino para equilibrar la balanza en favor de las especies, incluyendo la nuestra. En la economía cotidiana de inmigrantes y más empobrecidos donde la vida no esté más en cuarto, quinto o último lugar.  La salud de los ecosistemas pone en la balanza al resto de las especies, la pobreza, injusticia y las formas violentas que aun hoy existen para algunos seres humanos en el nombre de una nación o de alguna consigna inútil para la subsistencia planetaria.

[1]  https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/no-infierno-chiara-bianchini 

Fuente-Twitter-Megáfono-Popular

El hambre del sur global

Por Gino Bailey.

Imagen Twitter @MegafonoPopular.

Boris Johnson – actual primer ministro del Reino Unido- compra medicina para el COVID19, sin tener un resultado oficial de pruebas en Oxford. Angela Merkel discute en el Consejo Europeo la inyección de recursos para asegurar el mercado de trabajo y la contención económica ante una eventual crisis estival.

Nguyen Xuan Phuc, primer ministro de Vietnam, cierra todas las fronteras con China, confina a sus aldeas y el resultado entrega una cantidad mínima de muertos y contagiados. ¡El socialismo tenía razón!, dirán algunos; ¡El totalitarismo oprime las libertades individuales! dirán otros.

En el continente americano se ve la porosidad de la vida ante la pandemia y las consecuencias en el cotidiano de las políticas económicas neoliberales. Mientras en Estados Unidos la población fallece en un genocidio sanitario, en América Latina el confinamiento interrumpe las redes económicas familiares, vecinales e informales en los barrios de las grandes ciudades. Confinarse implica el riesgo de la inseguridad, inclusive no comer y pasar hambre.

Esto nos hace recordar el incentivo monetario o la política fiscal de gran parte de los gobiernos de América Latina entre 1990 y 2000, con bonos y subsidios que establece una relación entre el Estado y los más pobres. No por nada, como señala Larrañaga y Contreras en un informe del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarollo), los paralelismos entre el Sistema de Protección Social chileno y la Bolsa de Familia en Brasil – destinado a los más pobres-  forma parte de una misma conducción política económica de la región sugerida por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional: subsanar las desigualdades y la pobreza con dinero, beneficios, créditos y emprendimientos precarios.

La dependencia de las políticas subsidiarias y la falsa promesa de garantías de derechos muestran hoy facetas de pobreza extrema y hambre agudizados en la pandemia. Las demandas de octubre 2019 en Chile, Ecuador y Colombia colocaron en la palestra la interrogante: ¿qué derechos se garantizan luego de los subsidios? Y la respuesta fue el cadavérico estado de excepción con su violencia anclado en el pasado. Se cayó el vestido y se desnudó, como el ropaje de un esqueleto que tuvo la virtud de conseguir siempre un buen disfraz para ahuyentar la miseria gracias al crédito y acceso del retail y la mala educación por la vestimenta de mayor acceso a universidades privadas.

La pandemia del COVID en mayo 2020 interroga hoy ¿qué pobreza hemos superado? Luego de treinta año de políticas fiscales neoliberales, octubre 2019 y mayo 2020 dejan en evidencia la fiereza de base que conlleva el capitalismo y su forma política, el roído esqueleto.  Hoy en Europa se discute ¿un capitalismo ético o moral es posible pos COVID19? Y las respuestas van en conciliar y equilibrar políticas de bienestar junto con el funcionamiento económico. Su historia común es lo que se transparenta ante la crisis. La misma de Vietnam con Hồ Chí Minh, quien en su legado fue algo más que un revolucionario comunista. Ese mismo pasado hoy se transparente en algunos países de Latinoamérica.

Chile y Brasil son dos ejemplos de transformaciones inconclusas, de derechos no garantizados y de políticas fantasmas que sirvieron para mostrar una estabilidad financiera. Mientras todo esto ocurría, las familias y redes familiares fueron la contención del cuidado y a su vez de las violencias cotidianas de niños y niñas y de la alimentación. Para ellos, el COVID19 [1] hoy se mueve en un esqueleto sin soporte donde el confinamiento no se vive ni experimenta en la seguridad de no pasar hambre o vivir en un hogar protegido. Justamente porque no se han garantizado derechos. El hambre en esta parte del sur global refleja la evidencia de una política económica sin justicia ecosocial y al mismo tiempo la necesidad de transformar las bases de otro contrato social pendiente al menos desde 1960.

[1] Fuente: “La morale e il capitalismo”https://rep.repubblica.it/pwa/commento/2020/05/18/news/coronavirus_la_morale_e_il_capitalismo-257035425/

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Ralentización de la vida ante la pandemia: ¿control capitalista o emancipación?

Por Gino Bailey.

El Corona Virus, así como el colapso del cambio climático, los diversos desastres socionaturales que se observan en el mundo, no han hecho más que acelerar un proceso de transformación global que nos convoca a la dimensión más humana y ecológica de la existencia.

Por estos días intelectuales incidentes en la discusión global han entrado en polémica acerca de los impactos y consecuencias que ya se perciben en torno al COVID19.  El primero en abrir los fuegos ha sido el filósofo Žižek quien realiza un análisis de segundo orden a la contingencia de lo que implica parar el funcionamiento cotidiano de las sociedades europeas. Una detención que pese a no garantizar nada en lo concreto se expresa en contra del funcionamiento económico global.

Para Byung Chul Han – el filósofo pop surcoreano-  lo que evidencia el virus es una diferencia cultural en cómo lo hemos abordado. Sociedades orientales, quienes no cuestionan el control del estado y la disciplina en la higiene, así como el uso de la mascarilla en espacios públicos, versus sociedades occidentales europeas que ven la mascarilla como peligro y control. Más allá de esta línea analítica es interesante la mirada de Byung en relación al sistema de seguridad y control del estado Chino, donde ha empleado un estado tecnocapitalista eficiente con drones, control personal, vigilancia estricta en espacios públicos y sobre internet.

Por esta razón no ve ninguna esperanza en los planteamientos de Žižek, puesto que lo que tenderá a pasar es seguir el éxito chino del control de un tecnocapitalismo voraz respecto a los recursos naturales. Esto está en línea a lo que cree Naomy Klein con las catástrofes capitalistas como oportunidad de las finanzas

El filósofo y politólogo italiano Giorgo Agamben ha radicalizado un poco más esta tendencia. Fiel a su línea de pensamiento retrata lo que ocurre en Italia y el resto de Europa como un “estado de excepción permanente” Es decir que la cuarentena sanitaria suspende las libertades en contextos democráticos y no solo eso, sino que tiende a legitimarse como una forma política del capitalismo. Algo similar a lo ocurrido en el estallido social de octubre 2019 en Chile. 

Jean Luc Nancy discrepa con Agamben porque más que control eficiente de la excepción, lo que ha mostrado esta cuarentena es el fracaso del sistema sanitario – tecnológico dispuesto al servicio de la vida. Muy por el contrario de lo que establece Agamben y Byung Chul Han, en el cotidiano y día a día, en lo inobservable por la filosofía de la cuarentena y el cómodo café del hogar, se han mostrado lazos de solidaridad de trabajadoras y trabajadores de la salud pero no solo, sino también de auto-organización barrial para contener hechos de violencias contra la mujer o de atención con los adultos mayores. Clases gratuitas a distancia, asistencia psicológica en línea también gratis, reparto de comida entre vecinos que si han podido desplazarse.

A un cierto punto volvemos al postulado de Žižek, no tanto por su contenido, sino porque describe una parte de la realidad visceral y cotidiana. Lo que dejó de funcionar, aquello que cambió y la ventana que se está abriendo. Una ventana que hoy miramos desde la cuarentena, pero que el día de mañana se fortalecerá como la oportunidad de seguir construyendo otras opciones emancipatorias respecto del capital.

Referencias:
https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31388/Slavoj-Zizek-coronavirus-comunismo-capitalismo-globalizacion-economia.htm
https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html
https://www.agi.it/blog-italia/scienza/post/2020-03-19/coronavirus-complotto-governi-7643757/

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Coronavirus y la unificación planetaria

Las epidemias y pandemias han acompañado a la humanidad al menos desde que se registra la historia escrita. Uno de los patrones es la vinculación entre especies animales con seres humanos. La más recordada es la peste negra o bubónica – vinculada al contacto con ratones- que en 1350 acabó con cerca de un tercio de la población mundial. El VIH en 1980, la gripe asiática en 1950 y la “gran influenza” de principios de siglo XX han sido antecedentes pandémicos con consecuencias fatales.

Hace algunos días atrás la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha declarado la situación del Coronavirus pandémica y hace un llamado a todos los gobiernos y autoridades cumplir con los protocolos y medidas que tiendan a disminuir el contacto y su propagación. Sin embargo, todo depende del modelo de sociedad que hemos establecido: si se garantizan los derechos universales a la salud, si somos culturalmente consientes de los grupos más vulnerables, si controlamos la especulación y enriquecimiento de los fármacos, entre otras cosas. En China y Japón el control y el no contacto ha surtido efecto, en España e Italia la no conciencia de su población ha incrementado la alerta.

De todos modos, el mensaje del Coronavirus en un mundo globalizado debiera ser otro. La gran diferencia entre esta pandemia y otras históricas es que ocurre en un planeta que se encuentra en el decline de su vida como especie tal y como la conocíamos. Independiente de las idiosincrasias planetarias el mensaje es el de tomar conciencia como especie, depositarla en un bien común y jerarquizar lo realmente importante de vivir en el planeta tierra.

La conciencia como especie es que estamos sujetos a la vida y la muerte y estamos expuestos. Además, somos una especie que pese a la diferencia tendemos y nos esforzamos por vivir y convivir. En eso, pese a las contradicciones políticas y económicas del Estado chino con su propio pueblo, ha tenido gestos para con Italia en la colaboración con profesionales. En Italia, pese a sus errores idiosincráticos como no ver la gravedad del virus, hoy por hoy intentan hacer comunidad a través de la música y el canto entre los balcones de los departamentos. En Francia, pese a las políticas neoliberales el mensaje es claro en garantizar el acceso universal al alcohol en gel y controlar su precio en las farmacias. La conciencia amplificada es que pese a las diferencias somos una única especie, que vivimos en un único mundo y que como tal tendemos a poner el valor elementar de vivir.

El bien común está en el desdoblamiento de la conciencia. ¿Qué es lo que está en juego además de mi salud individual? El resto, la comunidad, los más vulnerables. El bien común implica también una toma de conciencia mayor, donde nuestras acciones sean pensadas para otras generaciones, para quienes son más frágiles y para dar garantía al conjunto de convivir mejor con la pandemia. Aquí claramente algo hace ruido: la estructura política económica de un país. Será más fácil en aquellas sociedades donde los derechos estén garantizados constitucionalmente, y será más difícil tender hacia esto en sociedades donde los derechos individuales y económicos, estén por sobre lo común. En China se logró con un extremo sobre los derechos civiles. En Italia y España, priorizando justamente el sistema sanitario común.

Finalmente la jerarquía. Es relevante jerarquizar la salud y convivencia por sobre la rentabilidad económica. Trabajar menos horas, activar el tele trabajo, desactivar las economías turísticas pueden tener un impacto económico relevante. Pero si eso viene acompañado con una red organizada de abastecimiento de proximidad, agricultura de proximidad y servicios locales de proximidad, seguramente el único impacto que veremos negativo en la economía no será aquella de base, sino los grandes consorcios con fines especulativos. Puede convivir una medida de inmunización a través de estrategias colectivas de base que garanticen la alimentación en una población local.

Las enseñanzas que está dejando esta pandemia es que podemos actuar intentando ampliar la conciencia. Las medidas de inmunización y de higiene no debieran ser una respuesta individual, sino comunes, en la medida que tanto las condiciones sociales como las acciones individuales tiendan hacia el bienestar colectivo y no individual.

Onepiece

One Piece y la historia del mundo

Eiichirō Oda es el autor del Shōnen Jump , que actualmente ha batido todos los records en Japón: One Piece, el manga de piratas con ventas inéditas y uno de los más incidentes en el mundo. Aunque quizás el tiempo hable por sí solo, One Piece puede compararse a grande obras de la humanidad, con artistas como Shakespeare en la literatura, Da Vinci en el arte, Hendrix en la guitarra y la música, Tarkovsky y Kurosawa en el cine, etc.

La obra de One piece es una propuesta que trasciende su propio género e historia. Siendo una historia de aventura pirata, hoy por hoy la fuerza, los golpes y fuegos artificiales que tiene cada enfrentamiento no son centrales. No es como Goku – Dragon Ball- que se basa solo en una aventura que evoluciona con sus personajes antagonistas de otras razas galácticas. One piece tiene una historia tan interesante que las batallas, fuerza de sus protagonistas y victoria de sus personajes pasa a estar en un segundo plano.

Existe una complejidad narrativa donde se mezclan los principales vectores culturales de la humanidad como la Odisea de Homero, la novela Moby Dick y los principales mitos de oriente y la cultura Sintoísta en un lenguaje cercano y sencillo.

Existen valores complejos como la amistad, fraternidad, solidaridad, empatía, emotividad sobre el mundo, las cosas, los ecosistemas y las personas. Hay una combinación de humor, drama, aventura, pensamiento y reflexión contado siempre de manera clara y entendible. Existe una promesa, profecía o utopía por la que luchar; sueños complejos que buscan otra humanidad o el tesoro one piece.

Existe una estética y una deconstrucción de los personajes. El héroe es intuitivo y débil en su apariencia, depende de un colectivo (su tripulación) y está lleno de contradicciones pero destaca por su gran bondad e inocencia. El rol de las mujeres es central en la conducción del mundo. El barco del héroe – Luffy- lo guía una mujer. Es más, el destino de la narrativa de One Piece depende de una mujer excluida de la sociedad por su apariencia de sirena. Existen múltiples mundos girando lo que descentra quién es el personaje principal. Existe una profunda crítica social, política y humanitaria que finalmente acaba siendo nuestro mundo. Si, aquel que vivimos y experimentamos en el cotidiano.

Es precisamente este último punto que vuelve trascendental a la obra: estar narrando la historia del mundo. En una sociedad actual demarcada por su desigualdad social y económica, con una elite cada vez más rica por sobre los gobiernos y Estados, One piece propone la utopía de construir una nueva humanidad emancipando y liberando a través de un barco – el de la utopía- distintas islas. No solo eso, sino que es posible y que los sueños se hacen realidad mientras se viven alejados de la materialidad económica y próximos a las relaciones humanas.

El mundo de One Piece es más que una historia y éxito de ventas. Toda la contradicción social y ecológica del poder tiene una línea de tiempo similar a la historia de nuestra humanidad. Con pueblos originarios sometidos que viven en el cielo, diversidades sexuales que viven en la exclusión al igual que gigantes, tritones y mutantes humanos con forma animal. Animales y especies que se comunican con nosotros y que son centrales en el destino de esa nueva humanidad.

One Piece es quizás el anime más incidente en la actualidad, que se cuela por las redes puesto que en muchos países dejó de ser emitido. Merece la categoría de material educativo, por su ética y valores de lo que implica finalmente encontrar el tesoro o el sueño perdido, el encuentro y la posibilidad de construir una nueva humanidad, con otros valores que superen la codicia, corrupción y poder en el largo ciclo de acumulación capitalista.

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